1. El medio como empresa. Es un hecho que la mayoría de medios de comunicación social están configurados como empresas que buscan obtener recursos y beneficios en el mundo del mercado. Hablamos del medio como empresa con exigencias muy concretas: rentabilidad, optimización de recursos, éxito financiero.
Que los medios deriven su éxito del mercado puede significar una garantía de independencia y de pluralidad. Independencia frente al poder político, pero también frente a otros poderes económicos y empresariales que pretendiesen imponer sus condiciones o ejercer presiones. Por tanto, en principio, no es necesariamente negativo o perjudicial que los medios estén configurados como empresas. Sobre todo, si son empresas que entienden la competitividad como factor de transformación del interés privado en bienestar colectivo.
La competencia empresarial llevada a los medios debería traducirse en más recursos humanos y técnicos para alcanzar la excelencia informativa, en mejora de la cualificación de sus profesionales, en aumento significativo de su calidad, en mejora de las condiciones laborales de sus trabajadores.
El medio como empresa se vio fortalecido por el éxito que tuvo tanto el neoliberalismo como la globalización del mercado, hoy en profunda crisis y cuyo impacto parece sentirse también los medios de comunicación. En efecto, a la crisis provocada por la influencia de Internet que va sustituyendo cada vez más a la versión tradicional de informarse y comunicarse (incremento de redes sociales, los blogs, los sitios portales, etc.), se suma ahora el decrecimiento de los recursos financieros.
El sistema se ha mostrado insostenible y débil en aquello que era su principal argumento: la eficacia del mercado. La influencia empresarial y económica en los medios, en tal sentido, no ha posibilitado lo que prometía, es decir: sostenibilidad financiera, independencia política, estabilidad laboral, profesionalización, transparencia ética. Lo que más preocupa a quienes han hecho de los medios una empresa, es que sus ingresos decrecen y la incursión en los medios digitales no crece con la rapidez ni en la cuantía deseada.
Pero hay otra crisis que no parece preocupar a la mayoría de medios de comunicación: la crisis derivada de reducir al medio de comunicación social a una empresa más del sistema productivo o a un instrumento ideológico de quienes tienen poder. Cuando esto ocurre, los medios se dedican más a entretener que a informar, a “seducir” que a comunicar, a trivializar la realidad que a profundizarla, a ideologizar que a formar la conciencia colectiva. En el ámbito específico de la información se termina sustituyendo el afán de verdad por el afán de las ganancias, la pluralidad de opiniones y de fuentes informativas por los intereses de partido, la función social por el servilismo ideológico o político.
2. La empresa como medio. Ante este tipo de crisis hay que volver a las exigencias éticas inherentes a las empresas que se dedican no ha producir una mercancía más, sino a ofrecer un servicio vinculado a un derecho humano fundamental: el derecho a la comunicación y la información. Hoy día, los medios como empresas son más atentos y fieles a las exigencias del mercado que a sus deberes sociales. Son más influenciados por la competencia, la publicidad y por los mismos propietarios que por su responsabilidad social.
En virtud de esa función pública se espera que los medios de comunicación sean libres, responsables y guiados por criterios éticos. Que comprendan la comunicación como un servicio que responde a la necesidad que tiene la población de informar, informarse y ser informado, así como a la necesidad de acceder a los medios para su propia expresión. Eso implica además, prestar atención a las condiciones generales en las que se ejerce la profesión de comunicadores y responder a las exigencias del público de mejorar la calidad de lo que se ofrece en los medios.
Hay que hacer prevalecer la empresa como medio y no el medio como empresa. La comunicación y la información no pueden ni deben reducirse a una mercancía que se produce y se vende. Hay que evitar que los criterios del mercado se impongan a los criterios éticos o que éstos se vean postergados por la lógica empresarial que puede resultar perversa para la sociedad y para los mismos profesionales de la comunicación.
Desde el mercado las empresas informativas buscarán los medios y los modos para sostenerse y adaptarse a los nuevos desafíos que presenta la crisis financiera y la era digital. La primera haciendo decrecer sus ingresos y la segunda generando un modo de comunicación e información más abundante, relativamente barato y con una distribución bidireccional en la que el público puede asumir un rol activo.
Pero desde la propia naturaleza de los medios de comunicación hay que volver a las reiteraciones que enfatizan su responsabilidad social. Ese propósito es el que encontramos – aunque de modo muy genérico – en el mensaje de la Jornada Mundial de las Comunicaciones 2009, pronunciado por el Papa Benedicto XVI.
En dicho mensaje el Papa ha recordado la necesidad de promover, a través de los medios, la cultura del respeto, del diálogo y la amistad. Del respeto, porque las nuevas tecnologías de la comunicación “deben servir para el bien de los individuos y de la sociedad”; por tanto, “quienes las usan deben evitar compartir palabras e imágenes degradantes para el ser humano, y excluir lo que alimenta el odio y la intolerancia…o lo que explota a los débiles e indefensos”. Del diálogo, porque hay que potenciar los encuentros con “otros” facilitados por los espacios digitales; sin “dejarse engañar por quienes tan sólo van en busca de consumidores en un mercado de posibilidades indiferenciadas, donde la elección misma se presenta como el bien, la novedad se confunde con la belleza y la experiencia subjetiva suplanta a la verdad”. De la amistad, entendida como solidaridad entre las personas y los pueblos; por eso, afirma el Papa, “sería un grave daño para el futuro de la humanidad si los nuevos instrumentos de comunicación, que permiten compartir saber e información de modo más veloz y eficaz, no fueran accesibles a quienes están social y económicamente marginados, o si contribuyeran tan sólo a acrecentar la distancia que separa a los pobres de las nuevas redes que se desarrollan al servicio de la información y la socialización humana”.
No pretendemos que los medios dejen de ser empresas, pero sí abogamos para que los medios de comunicación dejen de ser sólo empresas y vuelvan a la ética de la empresa comunicativa que les exige responsabilidad social con el público y con los profesionales de la comunicación. La experiencia no indica que cuando se subordinan los criterios y valores de la comunicación a los criterios y exigencias del mercado – buscando sobre todo el beneficio económico – se producen efectos negativos para los mismos medios, para sus profesionales y para el público. La comunicación y la información se convierten en mercancía a la que sólo tienen acceso los que tienen capacidad de compra, los comunicadores pierden su libertad e independencia y el público es visto más como un usuario que como un sujeto de la comunicación.
Fuente : elmercuriodigital.es
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