“Quiero que todo esto pase rápido”, dice con naturalidad la chica y enseguida calla ante la mirada atenta de su madre.
Brime, secretaria de Acción Social, junto con Blanca, madre de la menor
Llegó del colegio y está serena en la sala de su casa mirando televisión. Pasará unas cuantas horas absorta frente a la pantalla, pero sin ver los noticieros por imposición paterna. El 15 de abril cumplió 15 años, pero por sus facciones aniñadas, su tez blanca, sin imperfecciones y sus vivaces ojos aceituna que armonizan con su melena color avellana, cualquiera le daría 12.
Habla pausado, no usa maquillaje y está vestida con joggings ajustados. Nadie que la viera podría intuir que esta chica, la menor de cinco hijos de una familia humilde que se las arregla con motomandados y subalquileres de piezas, es la protagonista de un video pornográfico.
El caso o la chica del video, dicen aquí para sintetizar el suceso, sacudió a esta comunidad agropecuaria, en la que la mayoría de sus 30.000 habitantes condena de forma categórica el proceder de los tres adultos involucrados.
Afuera, en el patio atiborrado de trastos viejos, en la casa céntrica de General Villegas, su madre, Blanca, se mece en una hamaca al sol, y su padre, Alberto, lee en el diario local cómo el intendente Gilberto Alegre, (PJ) hizo un enérgico repudio en nombre de la comunidad y de su gobierno sobre el abuso perpetrado por tres mayores.
Alberto fue a buscar “para tener una charla” a uno de ellos: Mariano Piñero, de 29 años, casado y recientemente separado, apodado “Papafrita”. Es un ex conductor de grúa que por el video perdió su trabajo en el ACA. “Por suerte no lo encontré”, cuenta el padre a LA NACION. Los otros dos, Mario Magallanes, de 24, y José María Narpe, de 28, ambos solteros, hace días que tampoco se dejan ver.
El matrimonio, visiblemente abatido, cuenta que su vida se transformó en un infierno. “Sí, creo que es vergüenza la palabra correcta para definir lo que siento cada vez que la gente me mira”, cuenta Blanca con crudeza. Dice que un vecino la puso al tanto de todo y que muchos amigos que sabían de la existencia del video no se animaron a contárselo.
“El trato diario con la gente es la esencia de nuestro trabajo de mensajería, ¿cómo creés que nos sentimos?”, desliza Blanca. Y abre los celulares y muestra el bombardeo con todo tipo de mensajes de textos procaces que estigmatizan aún más a su hija.
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Fuente : lanacion
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